En el hospital.
Después de completar los preparativos previos a la cirugía, Lorena se recostó en la camilla mientras le daban la anestesia.
La luz del quirófano brillaba intensamente sobre sus ojos, al punto que era molesto.
Lorena no es de llorar mucho, pero en ese momento, las lágrimas recorrieron toda su cara hasta empapar su cabello de tristeza.
Ya en el avión.
César, que acababa de abordar, apenas tomó asiento cuando, de la nada, se sintió muy inquieto. Antes de que el avión despegara, su c