Dos mujeres. Para César, no había ningún problema con eso.
En su círculo, era común que los empresarios y presidentes tuvieran más de una mujer.
Sin embargo, su obsesión carnal por Lorena solo aumentaba la culpa que sentía hacia Teresa en lo más profundo de su ser.
En grupo, salieron del aeropuerto por la zona VIP y se fueron directamente al estacionamiento subterráneo.
Blanco y Clara los seguían de cerca.
Cerca del auto, Teresa miró a César con tristeza.
—César, ¿vas a volver a la oficina a tra