Teresa nunca imaginó que lo que había hecho en el pasado terminaría pasándole factura ahora.
Eso la llenó de furia. Gritó, casi a punto de estallar:
—¿Qué demonios quieres? ¡Te advierto que estamos en Puerto Mar, aquí los policías sí pueden venir a joderte!
—Relájate, “Chiquita”. No quiero tu cuerpo —respondió el hombre, cambiando de postura. —Runpex está en medio de una competencia por un proyecto multinacional. Quiero que consigas el precio base y la propuesta de su licitación.
—¡Imposible! ¡N