¡Pah!
El sonido de un golpe retumbó en la habitación.
Teresa le había dado una cachetada a Saúl.
—¡Cállate! ¡Estás diciendo puras bobadas! ¡César me adora! ¡Yo también fui su primer amor, su salvación y a quien amó con todo el corazón!
Esas palabras le atravesaron el corazón a Teresa como un puñal. No podía aceptarlo. Podía mentirse a sí misma todo lo que quisiera, pero no iba a dejar que otro lo dijera en voz alta.
¡Y menos Saúl!
La cachetada devolvió a Saúl a la realidad.
Teresa había tenido s