En el restaurante, el celular no dejaba de sonar. César, al ver que era Teresa, pensó en cortar de una.
No quería que ella arruinara su momento con Perla.
Marina, con ojos rápidos, vio el nombre en la pantalla y le detuvo la mano.
—¡No cuelgues, contesta! Quiero ver qué tanto quiere Teresa ahora.
César miró a Perla, esperando ver si reaccionaba. ¿Se pondría celosa?
Pero nada que ver. Perla seguía comiendo tranquila, como si no oyera nada.
—¡Vamos, contesta ya! ¡Y ponla en altavoz! —insistió Mari