Manejando de regreso a su casa, Teresa sacó de un rincón del armario una caja metálica con candado. Dentro, buscó un teléfono viejo, lo puso a cargar y encontró un número que tenía guardado desde hace años.
Escribió un mensaje y lo mandó:
—Ayúdame a acabar con alguien de una vez para siempre: Perla.
Esa persona era un asesino que conoció durante los tres años que estuvo desaparecida.
La respuesta llegó rápido. Teresa siguió las instrucciones y mandó el dinero a través de una cuenta extranjera.
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