Perla no tenía un pelo de boba como para contarle sus planes.
Una cena que pudo haber sido corta, se alargó hasta que ya era de noche, todo porque César se hacía el bobito a propósito.
Solo quería pasar un rato con ella.
Cuando llegaron al carro, César le abrió la puerta del copiloto, como un caballero:
—Yo manejo, te puedo llevar a casa si quieres. Así después de cenar puedes descansar tranquila.
—¿Y por qué no mejor damos una vuelta por el parque? Comiste un montón, ¿no sientes que te vas a re