Marina apartó la mano de Ricardo, frenando su intento de acercarse demasiado.
—No te emociones tanto, ¿y encima te haces llamar un hombre decente? Ni siquiera me dejaste comer bien al mediodía. ¿Qué restaurante era ese?
—¿Qué quieres comer? Vamos ahora mismo —contestó Ricardo sin pensarlo.
—Mmm… Con este calor, ¿qué tal una carne asada con una cerveza bien fría? —dijo Marina, inclinando la cabeza, como si lo estuviera tentando.
Ricardo le pellizcó la mejilla con cariño.
—¡Vamos de una vez!
En la