—María, deja de decir tantos disparates. Papá está enfermo, Flavio está triste y no deja de llorar, ¿qué tiene de malo? En cambio, tú no paras de hablar de la muerte, ¿acaso quieres que papá se muera? —dijo Rocío Ciferri, la esposa de Flavio, con firmeza.
—¡Tú de que...! —María se quedó sin palabras, señalándola con el dedo por un momento sin saber qué responder.
César la miró con desprecio, y Rocío, satisfecha, guardó silencio.
En ese momento, el médico salió de la sala de emergencias.
—Su seño