La mano de Saúl recorrió la costura de la ropa hasta llegar a la cintura de Teresa.
Ella forcejeó, sin querer hacer un espectáculo frente a un anciano enfermo.
Saúl la ignoró y siguió haciendo lo suyo.
En la cama, Rowan, el abuelo, estaba inmóvil, con la boca torcida y gruñidos de rabia atorados en su garganta. Sus ojos no se despegaban de ellos, y aunque su cuerpo no respondía, se retorcía con fuerza, como si intentara levantarse para darle su merecido a su nieto.
El monitor del electrocardiogr