Su auto estaba estacionado no muy lejos de la puerta de la casa. Perla caminó hasta el auto y dijo:
—En serio, no necesito que me lleves.
—Es peligroso andar sola a esta hora, mejor te llevo—insistió César.
—El mayor peligro a veinte metros a la redonda eres tú —Perla abrió la puerta del auto y, temiendo que él la siguiera, se dio la vuelta y gritó—: ¡Basta de tonterías! ¿No dijiste que tu auto lo llevaste al taller? ¿Cómo vas a llevarme? ¿Vas a tomar mi carro? Cuando lleguemos, ¿vas a poner exc