El centro de todo es su hermana Perla. Aunque César tuviera una colaboración comercial con él, en el corazón de su hermana, él no era más que un objeto. Si ella lo quería, lo tenía; si se cansaba, tan solo lo tiraba a la basura, como si no valiera nada.
Perla negó con la cabeza y dijo:
—Esta vez no lo haré.
Perla tenía una especie de obsesión con la pureza emocional y nunca se metería con alguien que no la respetara.
Al día siguiente...
César llegó al trabajo con la camisa nueva que Perla le hab