Miró el reloj sobre su escritorio. La reunión llevaba casi dos horas y estaba por terminar.
Clara se levantó y salió de la sala para esperar afuera.
En estos cinco años, su puesto no había cambiado: seguía siendo la asistente especial del presidente.
Sin embargo, su sueldo y las responsabilidades que manejaba habían aumentado muchas veces.
En la empresa, su estatus solo estaba por debajo del vicepresidente y los accionistas.
Podía decirse que muchas de sus decisiones y palabras represe