La mucha velocidad sorprendió mucho a Perla.
Los labios de César apenas tocaron los suyos por un segundo…
Cuando, de repente, un golpe fuerte sonó en la habitación.
¡Plaf!
Una cachetada zanjadita en la cara de César.
El dolor agudo y caliente se extendió por su mejilla. Pero, en vez de alejarse, él la besó con más fuerza.
No era un beso de deseo, sino de desesperación. Un beso de alguien que había buscado sin parar, que había deseado con todo su ser volver a estar con la persona que