Bianca vio a su hija meterse en problemas y rápidamente corrió a ayudarla.
—¡Ay, pero qué desastre! ¿Cómo te ensuciaste el vestido? Perla, cariño, ven conmigo arriba a cambiarte. No es bueno que los invitados te vean así. Tengo algunos vestidos de repuesto. Tú y Natalia tienen un cuerpo bastante parecido, seguro alguno te quedará bien.
—Le agradezco a usted mucho por su amabilidad, señora Bianca, pero ya trajimos un vestido de repuesto —respondió William con seriedad. Su cara mostraba una expres