—¡Andi, eres super buenísimo!— Marina le apretó la carita. Nunca había tenido suerte en las máquinas de peluches, no esperaba que Andi fuera tan bueno en los juegos de disparos.
Con un talento natural y la ayuda de personal especializado, no se podía decir que fuera un experto, pero su porcentaje de aciertos era muy alto.
Andi levantó la cabeza con orgullo, luciendo súper adorable.
—¡Increíble! — Perla sacó unas toallitas húmedas de su bolso y empezó a limpiarle el sudor de la cara y la ca