Cuando Lorena entró al hospital, Marina ya había llegado, y la comida también.
Lorena entró a la habitación, con una mano cargando las bolsas de comida y con la otra empujando la puerta. Marina estiró la mano para recibir la comida.
—¡Es justo lo que me gusta! ¡Eres la mejor, cariño, te amo!
En la cama del hospital, ya habían colocado una mesa portátil y acomodado la comida que había llegado antes.
Álvaro, sentado en la cabecera de la cama con una pierna doblada, seguía bromeando con Marina:
—S