El conductor llevaba una mascarilla y, con una mirada sospechosa, observaba por el retrovisor.
—Señorita Lorena, aún no hemos llegado a su destino. Usted le cae bien a nuestro jefe, y él desea invitarla a tomarse un café.
De la nada, el auto aceleró a la máxima velocidad, haciendo que Lorena cayera de golpe en el asiento trasero.
En el interior de la casa, César ya había llegado a casa hacía media hora, pero aún no veía que Lorena regresara.
Aunque cuando hablaron por teléfono ella acababa de te