—¡Saúl! —Teresa soltó el ratón, y bajó la voz con molestia.
—Jejeje, ¿te acordaste entonces de mí?
Teresa miró hacia los empleados fuera de su oficina y luego cerró las cortinas.
—¿Por qué me llamaste? ¿Qué quieres?
—Nada importante, solo pensaba en ti. En cómo te movías, en esos gemidos tuyos llenos de pasión, en cómo se veía tu piel blanca…
Antes de que pudiera terminar, Teresa lo interrumpió con un grito:
—¡Cierra la boca!
—De acuerdo, me callo. —respondió Saúl en un tono despreocupado—. Pero