El olor a extintor y madera quemada se mezclaba con el salitre del mar, creando una atmósfera asfixiante dentro de "La Prohibida". Emma soltó el cilindro de metal, que golpeó el suelo con un sonido hueco. Sus manos, las mismas que hace unas horas preparaban el mejor café del puerto, ahora estaban grises, cubiertas de hollín y polvo químico.
Azkarion no se movía. Estaba de pie frente al mostrador chamuscado, mirando las brasas que aún parpadeaban como ojos furiosos en la oscuridad.
—Moretti... —