La feria estaba por terminar y el aire se sentía cargado de ese aroma a tierra húmeda, pan recién hecho y esperanza que solo los pueblos saben dar. Las luces colgantes bailaban con la brisa, iluminando los rostros sonrientes de mujeres que, por primera vez, se sentían vistas, valientes… libres.
Selene caminaba entre los puestos con la falda manchada de tierra, el cabello algo suelto y la sonrisa resplandeciente. Saludaba a las niñas que vendían sus bordados con voz temblorosa de emoción, a las