Era el comienzo de un nuevo día lleno de esperanza. Selene jamás pensó que cada nuevo día le haría sentirse feliz sobre todo al presenciar como el sol empezaba a cubrir de color oro el cielo. Soltó un suspiro y ajustó la correa de su mochila y bajó los escalones del porche con pasos firmes. La brisa aún olía a tierra húmeda, y el rugido lejano del motor de la camioneta de Simón le confirmó que no tendría que esperar mucho.
El viaje a la ciudad de ese día no era solo un trámite. Era una promesa