Francesco observaba como las lágrimas brotaban de los ojos de Isabella, su mirada estaba fija en el camino, el no tenía ni la menor idea a donde se dirigía ella pero en ese momento no se atrevía a preguntar, las palabras de Tomas le había dejado el corazón en llamas.
El recorrido duro 45 minutos, hasta parar frente a una imponente mansión, el guardia de seguridad se acercó al auto e Isabella bajo la ventanilla. —Buen día, señorita en que le puedo ayudar.
Isabella se quitó las gafas de sol para