Al llegar, la prisión se erguía imponente bajo un cielo grisáceo. Isabella bajó del auto con el corazón acelerado y avanzó por el patio, sintiendo el frío metal de la reja y el eco de pasos distantes. Fue allí donde solicitó hablar con el director del lugar.
—Buen día, me informan que es usted abogada del señor Mclean. El abogado que lleva el caso no me informó que vendría alguien más a verlo. —dijo el director London.
Isabella respiró pesadamente y respondió. —Soy abogada y asesora legal del s