La noche seguía su curso, envuelta en un aura mágica. La música suave llenaba el aire, y las risas de los invitados resonaban en cada rincón. Sin embargo, Salvatore Lombardi revisó su celular, tenía un mensaje corto que decía: Hay un coche negro con chofer esperándote afuera. Dio un pesado suspiro, alzando la mirada para ver una vez más a Alessa, tomó el contenido de la copa de whisky en su mano con una expresión impenetrable. Se puso de pie, pues había decidido que ya había visto suficiente; c