Un crujido metálico rompió el silencio cuando Carter forzó la cerradura con destreza. La puerta se abrió lentamente, revelando a Alessa colgada de las muñecas, empapada, con el cabello pegado a su rostro, debilitada por el agua fría que caía de una ducha oxidada sobre ella.
Leonardo dio un paso adelante, con los ojos llenos de furia, pero antes de que pudiera reaccionar, una figura emergió de las sombras detrás de Alessa. Era el Siciliano, con su sonrisa retorcida, aferrando el cabello de Aless