La ruta hacia el castillo tomó aproximadamente tres horas. El equipo avanzó por las carreteras secundarias que Jacomo y Mattia habían tomado para evitar cualquier posible vigilancia. La carretera serpenteaba entre colinas, y la bruma se mezclaba con el aire helado, intensificando la sensación de peligro. El ambiente dentro de los vehículos era tenso. El sonido del motor, los chasquidos de los equipos tácticos y el ruido de los rifles ajustándose eran los únicos acompañantes en aquella travesía