El amanecer en Las Vegas tiñó el cielo de tonos dorados y rosados, y Leonardo se despertó con cuidado para no perturbar el sueño de Alessa. La habitación estaba en silencio, solo se escuchaba el suave respirar de ella, como una melodía que lo llenaba de paz. Se levantó de la cama, sintiendo la suavidad de las sábanas deslizarse sobre su piel, y se dirigió al baño. El agua tibia de la ducha cayó sobre su cuerpo, despertando sus sentidos mientras planeaba mentalmente cada detalle del día que camb