El viento soplaba con fuerza esa mañana, sacudiendo las ramas del almendro como si la naturaleza también presintiera que algo estaba por estallar. La casa estaba en silencio. Camila dormía profundamente, exhausta. Roberto había salido para reunirse con el contacto de la fiscalía. Y Luciana… estaba en el estudio, releyendo la carta de Elena por décima vez.
Alexander la observaba desde la puerta, los brazos cruzados, el ceño fruncido.
—¿No has dormido nada, verdad?
Luciana negó con un leve movimi