El amanecer llegó sin gloria. Un cielo gris cubría la ciudad como un velo de advertencia. Luciana se despertó con una presión en el pecho, como si sus sueños hubieran intentado advertirle algo que su mente aún no comprendía.
Camila aún dormía profundamente en la habitación de huéspedes. Sus respiraciones eran cortas, irregulares, como si los recuerdos la acosaran incluso en su inconsciencia.
Luciana, envuelta en una bata de algodón, bajó a la cocina. Encontró a Alexander revisando planos viejos