El video de Eugenio se había grabado sin contratiempos. En un cuarto aislado, frente a la cámara, el viejo enfermero relató con voz pausada y la mirada firme cada detalle: el encierro de Elena, el nacimiento de los gemelos, el rapto del segundo hijo, y las circunstancias oscuras de su muerte. Fue directo. Crudo. Inolvidable.
—Cuando Elena murió —dijo, mirando a la lente con ojos cargados de dolor—, no murió sola. Murió con las manos atadas. Murió silenciada. Y yo fui cómplice por callar tanto t