El silencio en la casa de Alexander era casi sofocante. Luciana se movía inquieta en la biblioteca, repasando una y otra vez las palabras que Isabella les había dicho en el capítulo anterior.
Samuel no era el verdadero enemigo. Había alguien más moviendo los hilos en la sombra.
Luciana sentía que el suelo bajo sus pies se volvía inestable. Nada de lo que pensaba era cierto.
Pero lo que realmente la perturbaba no era la revelación de Isabella, sino la forma en que Alexander reaccionó.
Después