El sonido de los disparos aún resonaba en los oídos de Luciana cuando Alexander la tomó del brazo y la arrastró fuera del estudio.
—Tenemos que salir ahora. —dijo con urgencia.
Luciana corrió tras él, su corazón latiendo con fuerza. El ataque había sido rápido, preciso.
Demasiado preciso.
Los pasillos de la casa estaban en penumbras, apenas iluminados por las luces de emergencia que parpadeaban. El silencio era tan espeso que podía escuchar su propia respiración.
—¿Quién nos está atacando? —pre