La confrontación con Sofía frente a mi oficina me había dejado temblando, a pesar del brazo protector de Maximiliano a mi alrededor. Su mirada llena de odio y su promesa de recuperarlo a cualquier costo se habían grabado en mi mente. La seguridad que Maximiliano había dispuesto se sentía ahora como una fina barrera contra una tormenta inminente.
Al día siguiente, mientras trabajaba, recibí un mensaje de texto de un número desconocido.
Era una foto de Andrés.
Estaba atado a una silla, con una