La semana transcurrió con una lentitud exasperante. Maximiliano se había sumido en una preocupación silenciosa, apenas presente en la oficina más allá de las reuniones importantes. Sus interacciones conmigo se limitaban a instrucciones breves y formales, la calidez de Margarita evaporada como un espejismo en el desierto. La sombra de Sofía y el pequeño Mateo se cernía sobre él, creando una barrera invisible entre nosotros.
Daniela, siempre observadora, notó el cambio en el ambiente- ¿Todo bien