El socio, con el ceño fruncido y la voz cargada de incomodidad, lanzó la pregunta que nadie quería poner sobre la mesa:
—¿De qué errores estamos hablando exactamente?
Un silencio espeso cubrió la sala. Algunos bajaron la mirada hacia sus carpetas, otros se removieron en sus asientos como si quisieran desaparecer. La tensión era evidente.
Isabel, sin perder la compostura, tomó aire y se levantó con calma. Sabía que ese momento podía ser decisivo para ganarse la confianza del director y de los so