El vehiculo se detuvo frente a la gran entrada de la residencia Mercier. El silencio de la madrugada envolvía la mansión, solo interrumpido por el motor que se apagó suavemente. Hugo bajó primero, con rapidez y sin dudar un segundo se dirigió hacia la otra puerta para ayudar a Isabel. Ella estaba medio dormida, aún cansada, pero su cuerpo descansaba en los brazos de él como si ese lugar fuera el más seguro del mundo.
Hugo la sostuvo con cuidado, como si fuera lo más frágil que había tenido entr