Isabela lo miró con una mezcla de desdén y sarcasmo, cruzándose de brazos mientras observaba el brillo de las copas y el ambiente refinado del lugar.
—Ya entiendo —dijo con un tono frío—. Me trajiste aquí para burlarte de mí, ¿verdad? Porque, claro, como vengo del campo, seguro pensaste que me impresionarías con un par de copas de vino y un menú en francés.
Hugo arqueó una ceja, sorprendido por la dureza de sus palabras.
—¿Burlarme? —repitió, inclinándose hacia ella—. ¿De verdad crees que haría