Despertar en "La Última Ola" es como despertar dentro de una acuarela mal secada. Los colores del amanecer —un naranja violáceo que me recuerda al albayalde oxidado— se filtran por las persianas de madera carcomida, dibujando rayas de luz sobre la piel de Julián. Me quedé inmóvil, conteniendo la respiración, observando cómo su pecho subía y bajaba con una regularidad engañosa. Para el mundo, él es un hombre peligroso con un archivo que podría hacer arder embajadas; para mí, en este instante de