El silencio de un hospital no es el silencio de una biblioteca o de un templo. Es un silencio mecánico, compuesto por el zumbido de los transformadores y el goteo rítmico de soluciones salinas que intentan convencer a tus venas de que todavía vale la pena transportar oxígeno. Me desperté en la penumbra de la habitación 402-B sintiendo que mi cabeza era un fresco de yeso húmedo que alguien había golpeado con un martillo. Los bordes de mi visión estaban quemados, como un negativo fotográfico expu