El frío del cañón del arma contra su piel hizo que un escalofrío le recorriera la espalda. Aitana contuvo la respiración, pero no permitió que el miedo se reflejara en su rostro. Sabía que cualquier indicio de debilidad podía sellar su destino.
Piensa, Aitana. Piensa.
Forzó una sonrisa, como si el arma no fuera más que un accesorio en la escena.
—¿Siempre apuntas a las mujeres cuando te gustan? —murmuró, deslizando sus dedos sobre el dorso de su mano con lentitud.
Sokolov arqueó una ceja. No re