Aitana despertó con la sensación de calor recorriendo su piel. Abrió los ojos lentamente y encontró a Iván observándola.
—¿Llevas mucho tiempo despierto? —preguntó con voz adormilada.
—Lo suficiente para memorizar cómo te ves cuando duermes —respondió él con una sonrisa torcida.
Ella rodó los ojos, pero no pudo evitar sonreír.
—Ahora dime la verdad.
Iván suspiró y se sentó en la cama, pasándose una mano por el cabello.
—Te dije que mi padre no era un hombre común… pero eso no es suficiente.
Ait