La ciudad de Nueva York se extendía bajo ellos como un océano de luces infinitas. Desde el rascacielos, el ruido del tráfico y el caos de la metrópolis eran solo un murmullo lejano, casi poético. En la mesa, la cena había transcurrido entre risas y una complicidad que Joe no había sentido en años. Por primera vez, él no hablaba solo de negocios, del rancho o de los problemas legales con Perla; hablaba de "familia". Mencionaba el futuro, la casa, y la calidez de un hogar compartido. Para Abigail