CAPÍTULO 26- DUELE MUCHO.

Punto de vista de Alejandro

Me despierto antes del amanecer, con la fría luz de la mañana filtrándose por las persianas. Me acuesto en la cama, con los ojos abiertos, repasando una y otra vez lo sucedido anoche.

Laila…

Su solo nombre me retuerce el pecho de una forma que me he negado a dejar ver, mucho antes del incidente de la lencería.

Pero su voz temblorosa de ayer, la forma en que me miró, mitad desafío, mitad súplica, y ese susurro… la súplica rota de que la dejara en paz. No puedo sacármelo de la cabeza y me duele muchísimo.

Me incorporo, pasándome una mano por el pelo, con la mente acelerada. Siempre se muestra serena, profesional y capaz. Pero anoche estaba… vulnerable y rota.

No puedo dejar de pensar en el moretón en su brazo, el dolor en su voz y la forma en que se comportaba como si intentara encogerse, desaparecer del mundo.

Miro el reloj. Es demasiado temprano para ir a la oficina, pero demasiado tarde para quedarme en la cama sin hacer nada.

Preparo café, me siento junt
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