CAPÍTULO 25- ESTOY ATRAPADA.
Punto de vista de Laila
Arrastro los pies por la acera con el corazón apesadumbrado, con el cuerpo temblando por la adrenalina de la confrontación y el escozor del moretón.
Tengo los nudillos blancos por la fuerza con la que agarro las correas de mi bolso.
Intento con todas mis fuerzas no pensar en cómo se sentía Andrés agarrándome del brazo. Pero cada paso es un recordatorio: mi boda, mi relación, la confianza que creía tener... se ha esfumado.
La puerta de mi apartamento se alza ante mí, su marco familiar me ofrece un pequeño consuelo.
Manejo torpemente las llaves entre mis dedos, sin apenas notar el frío que me atraviesa la chaqueta. Mi mente está entumecida, repasando sus palabras, su ira y cómo me cerró la puerta en las narices.
Y entonces veo su sombra... Alejandro.
Se mueve cerca de la esquina del edificio, medio oculto por el resplandor de la farola. Siento una opresión en el pecho al quedarme paralizada.
Siento un vuelco en el estómago.
Está ahí de pie, con las manos metidas