CAPÍTULO 34- NO ESPERO MÁS.
Punto de vista de Laila
No voy directo a casa.
La decisión se toma en silencio, en algún punto entre caminar desde el edificio de la empresa hasta la parada del autobús. No es dramático. No me lo anuncio. Simplemente... no giro hacia la salida que lleva a la parada que suelo tomar.
El cielo ya está oscureciendo y las luces de la ciudad se encienden una a una como si nada hubiera cambiado.
Paso junto a varias personas. Las veo reír, hablar por teléfono, correr a encontrarse con alguien, correr a casa... con alguien.
Me quedo allí un momento, sin saber adónde ir exactamente.
Entonces empiezo a caminar, sin rumbo fijo.
Mis tacones golpean el pavimento; es firme y mesurado.
No miro el teléfono, ni pienso en si Andrés podría llamar o si Inés podría enviar un mensaje. Ya he hecho las paces conmigo misma, tanto que sus nombres ya no resuenan.
Una cafetería me llama la atención; es un pequeño local entre una librería y una floristería. Una luz cálida se cuela por las ventanas.
Camino hacia el