Punto de vista de Laila
La mañana vuelve, pero no parece un comienzo. Siento como si no hubiera dormido nada.
Abro los ojos y miro al techo; mi cuerpo está pesado y mi mente extrañamente tranquila.
No siento pánico, ni dolor agudo, solo un vacío sordo en el pecho, como si me hubieran quitado algo y mi cuerpo aún no hubiera descubierto qué falta.
Me quedo en la cama un buen rato.
Finalmente, me incorporo. La habitación parece la misma, pero no la siento mía. Mis sábanas están enredadas, mi ropa