Punto de vista de Laila
Se me encoge el corazón al reconocer la voz, la aspereza y la incredulidad que la envolvía.
Andrés sale de la sombra de la escalera como si hubiera estado esperando allí.
"¿Andrés?", susurro, conteniendo la respiración. "¿Qué... qué haces aquí? ¿Por qué estás afuera?"
No responde a mis preguntas. Solo me mira fijamente. Su mandíbula se tensa mientras sus ojos van de mí a la calle por donde desapareció el coche.
"Te vi."
Se me encoge el estómago. "¿Qué me vio?"
"Saliendo del coche de alguien." Da un paso más cerca, su aliento visible en el aire frío. "¿De quién era ese coche, Laila?"
Aquí vamos.
"Era un Uber", miento rápidamente. Demasiado rápido.
Su risa es aguda y sin humor. ¿Uber? ¿En serio? ¿Se te acabaron las pegatinas de la app? Porque ese coche no se parecía en nada a un Uber.
Siento calor en la nuca. Aprieto la correa del bolso.
"Da igual qué coche fuera". Me tiembla la voz, pero me enderezo. "Andrés, ¿podríamos dejar de hacer esto aquí, por favor?"
"No.