CAPÍTULO 12- TODOS LOS NERVIOS EN LLAMAS.
Punto de vista de Laila
Me obligo a volver a mirar las hojas de cálculo, mientras mis dedos se movían automáticamente sobre el teclado. Pero cada mirada hacia él me oprime el pecho. Cada leve movimiento de Alejandro se amplifica en mi mente.
Pasan las horas. El sol se pone, proyectando destellos dorados sobre la oficina. El suave zumbido de los ordenadores y el ocasional crujido de los papeles son lo único que marca nuestro trabajo. Estamos tan absortos en el archivo que no nos dimos cuenta de