CAPÍTULO 11- NO PUEDO CONCENTRARME CUANDO ESTÁS...
Punto de vista de Laila
La mañana ha empezado como cualquier otra, con el habitual zumbido de teclados, teléfonos sonando y pasos apresurados por el espacio de trabajo abierto.
Cada mirada furtiva hacia Alejandro me revuelve el estómago. Y cada vez que pasa, siento el calor de su presencia como una ráfaga de fuego, trayendo recuerdos del incidente de la terraza de ayer.
Intento concentrarme desesperadamente mientras reviso el informe de un cliente cuando la línea de la sala de conferencias rompe la frágil calma que me quedaba en la cabeza.
"¡Laila!"
Me sobresalto al oír mi nombre, y veo a Inés saludarme con la mano, con un dejo de urgencia en su tono.
"¡Los archivos de Romano... les faltan páginas! ¡Y el cliente está en la línea uno, pidiendo el borrador final del contrato!"
Maldije en voz baja, levantándome de un salto. "¡Yo me encargo!"
Agarro los archivos y corro a la sala de conferencias, con los talones resonando contra el suelo. Me tiemblan un poco las manos… no por las prisas,